viernes 2 de mayo de 2008

Héroes del silencio

Las victorias militares peruanas. Este dia se cumplieron 142 años de la victoria naval del 2 de mayo. Un pretexto para hablar de las batallas que el Perú ganó durante su vida independiente. Son pocas, pero son. A despecho, de que muchos de sus protagonistas estén en el olvido.

Es probable que el trauma de la Guerra del Pacífico (1879-1884) haya ensombrecido la historia militar peruana y las palabras "derrota" o "inmolación" hayan calzado perfecto con nuestros héroes nacionales más consagrados. A estas alturas de nuestra historia, a alguien le suena conocido los nombres de Eloy Ureta, Carlos Miñano, José Manuel Clavero o Óscar R. Benavides. Tal vez al último de los nombrados se le recuerde por su discreto papel como presidente, sin embargo, todos ellos fueron militares peruanos que alguna vez salieron airosos en una batalla. ¿No es irónico que las pocas victorias nacionales sean solo conocidas por historiadores?

GENERALES SIN MEDALLAS
Es notorio también que en la mayoría de guerras hayamos cumplido el papel de víctimas. El combate del 2 de mayo fue para rechazar el intento de España por volver al Perú; en la guerra del Pacífico sufrimos la voracidad del invasor; en 1911 tuvimos que rechazar una invasión colombiana; en 1941 repelimos las agresiones territoriales del Ecuador (aunque esta vez invadimos toda la provincia ecuatoriana de El Oro); y en 1981 otra vez nos defendimos de una incursión de nuestro vecino norteño.

Si bien perdimos la gran guerra del siglo XIX, antes y después tuvimos victorias militares significativas. En ese siglo hubo hasta cuatro enfrentamientos ganados por nuestros ejércitos, de los cuales el más renombrado es el 2 de mayo. Pero, antes, en 1827, Agustín Gamarra, entonces prefecto del Cusco, organizó un ejército que invadió Bolivia con la finalidad de eliminar la influencia colombiana y bolivariana al gobierno de Sucre.

Incluso en tiempos de la Confederación Peruano Boliviana (1837-1839) le perdonamos la vida a Chile. Según refiere el historiador Juan Luis Orrego, el gobierno chileno se oponía a este acuerdo y envió dos expediciones para combatirlo. "La primera de ellas, al mando del general Manuel Blanco Encalada llegó hasta las afueras de Arequipa, en Paucarpata -cuenta Orrego-. Ahí se encontró frente a frente con el ejército peruano-boliviano al mando de Santa Cruz y estando cercado por éste todas las evidencias que tenemos apuntan a que si se producía un enfrentamiento, nuestras fuerzas hubieran aplastado a las chilenas porque las superaban en número y en armas. Sin embargo, Santa Cruz decidió evitar el enfrentamiento, obteniendo a cambio la firma de un documento que reconocía la existencia de la Confederación, el cual después fue desconocido por el gobierno de Chile".

Y el tercer enfrentamiento del siglo XIX que nos favoreció se dio entre 1859 y 1860, durante el segundo gobierno de Ramón Castilla. El gobierno ecuatoriano había pagado a los acreedores ingleses con tierras peruanas ubicadas entre los ríos Pastaza y Bombonaza, lo que motivó la protesta peruana. Al no haber rectificación, Castilla decidió invadir Guayaquil. Tropas peruanas tomaron el puerto ecuatoriano firmándose luego el Tratado de Mapasingue (nombre de la hacienda guayaquileña donde se realizó el acuerdo), a través del cual Ecuador anulaba la venta de dichos territorios.

DESPUÉS DE LA HECATOMBE
Terminada la guerra con Chile, se inicia lo que Basadre llamó el periodo de Restauración Nacional, sin embargo en 1911 nuestro país se vería enfrascado en otro problema fronterizo. Colombia reclamaba una salida soberana al Amazonas e invadió nuestra frontera. Entonces el gobierno de Leguía envió un contingente militar a la amazonía al mando del general Óscar R. Benavides. Una tarea difícil, dadas las comunicaciones de la época, y aunque no fue específicamente una batalla, se produce un enfrentamiento en La Pedrera entre el 10 y el 12 de julio, consiguiéndose expulsar al invasor. Ahí tuvo destacada participación el teniente José Manuel Clavero Muga al mando de la cañonera América. La expedición vuelve a Lima con aires de gloria. "Fue un golpe de aliento para el Perú después del trauma de la derrota con Chile", dice Orrego.

Pero esta historia terminaría mal, pues en 1924 el tratado de Salomón Lozano cedería el territorio en disputa a Colombia.

Sin embargo, tendrían que pasar dos décadas para que el Perú gane su primera guerra formal. Fue en 1941 frente a Ecuador, en una campaña eficiente, donde por primera vez en esta parte del continente se utilizó paracaidistas. Luego de una serie de agresiones ecuatorianas y enfrentamientos, que van desde enero a julio de ese año, se produjo la Batalla de Zarumilla (24 y 25 de julio). A través de ataques aéreos y terrestres, el Perú consigue ocupar la provincia ecuatoriana de El Oro. Ahí tuvieron destacada actuación el general Eloy Ureta (después elevado a mariscal) y una serie de mandos militares como Carlos Miñano, Manuel Odría, Miguel Monteza Tafur, entre otros. El héroe máximo de la campaña fue el capitán FAP José Abelardo Quiñones, quien dirigió su avión en llamas contra la artillería enemiga, en vez de lanzarse en paracaídas. El conflicto terminó con la firma del Protocolo de Río de Janeiro, que sería desconocido más de una vez por Ecuador, generándose en 1981 el último incidente fronterizo ganado por el Perú.

LAS VICTORIAS SIMBÓLICAS
¿Pero por qué estas victorias son poco conocidas o celebradas? ¿Será solo porque no tuvieron gran relevancia y no cambiaron demasiado el curso de nuestra historia?

El psicoanalista Luis Herrera ensaya la siguiente explicación: "hemos sido el centro de una colonia por tres siglos, eso pesa mucho. Y con la independencia nuestro territorio se fraccionó en diversos espacios y territorios, que, además, eran racialmente diversos. Otro elemento que nos da esa sensación de apocamiento es que el indio peruano (una de las mayorías del país) ha estado, hasta no hace mucho, en una situación muy inferior. Se nos ha acostumbrado a bajar la cabeza por mucho tiempo y más aún tenemos una letra del himno que dice "la humillada cerviz levantó", yo preguntaría ¿cuándo levantó? Entonces nunca caló totalmente la idea de nación. De otro lado, hemos tenido muchos caudillos y pocos estadistas. Y como sabemos los caudillos siempre buscan una satisfacción inmediata y no la construcción de una nación, es algo que se repite siempre hasta el día de hoy".

Entonces, el orgullo de ser peruano es más la letra de una canción que una realidad y las victorias son casi siempre simbólicas. En otras palabras no sabemos ganar. El psicoanalista pone el ejemplo del fútbol. Cuando entrevistan a nuestros jugadores, uno escucha una respuesta recurrente: "estoy trabajando con mucha humildad". ¡Por favor -dice Herrera-, humildad es lo que sobra en el país!

*Basado en el articulo escrito por Jorge Paredes y originalmente publicado en el diario El Comercio, en mayo del 2006.

**El combate del 2 de mayo es algo que ahora vendríamos a denominar un empate tomando en cuenta que cada bando reclama victoria. Para España (según ella la expedición era de castigo no una invasión o reconquista, a pesar de no reconocer la independencia del Perú y de izar su pabellón en las islas Chincha) fue una victoria porque consiguieron enfrentarse con éxito a las legendarias baterías y fuertes del Callao sin sufrir demasiadas pérdidas (ademas destruyeron la torre blindada, donde murió el Ministro Gálvez). Para el Perú en cambio fue una victoria, por haberse enfrentado a la tercera armada del mundo (que en sus filas tenia a la Numancia, uno de los navíos acorazados mas poderosos del mundo) y haberla obligado a retirarse sin cumplir su objetivo (que para nosotros era la reconquista y la destrucción, al no haber reconocimientos oficiales de independencia del Perú).

Lo cierto es que España no tenia el poder para intentar recuperar sus colonias y eso lo sabia el Perú y que la acción contra el Callao (como lo fue contra Valparaiso) era una demostración de fuerza y para limpiar el honor español, mancillado tras los combates de Papudo y Abtao, amén de no poder destruir a la inferior flota peruano-chilena antes de la llegada de los blindados peruanos. Es claro que se nos vende la historia del combate de 2 de mayo como una gran victoria militar cuando no fue exactamente así, y eso es debido a que el gobierno de entonces necesitaba legitimizar su poder (era producto de una revolución) ofreciendo al pueblo una victoria sobre un enemigo histórico aunque dicha victoria no fuera lo que anunciaban.

Es un caso similar al de Fujimori y la "victoriosa" Guerra del Cenepa. En realidad esto fue una victoria para ambos lados: Ecuador consiguió que su pueblo respaldara al gobierno, resistió y rechazó el contraataque de un superior ejercito peruano y Fujimori logro afianzar aún mas su poder sobre las F.F.A.A. y sobre el pueblo, vender una solución inexistente y mostrarse como el hombre de la paz.

miércoles 30 de abril de 2008

1932, Guerra en la selva

Tras el fracaso de la revolución federal amazónica promovida por el capitán Cervantes y tras la entrega de importantes territorios a Colombia, el país vivía una época de gran convulsión social. Terminado el gobierno de Leguía un nuevo caudillo surgiría, Sánchez Cerro, y con él las esperanzas de recuperar lo perdido.

Sánchez Cerro y Cervantes habían sido antiguos camaradas y amigos allá por Puno en 1915 cuando juntos debelaron la rebelión del mítico mayor “Rumi Maqui” de cuya pasión rebelde quedaron ambos impactados. Cervantes seria asesor del gobierno de Sánchez Cerro, antes de morir de tuberculosis en 1933.

RECUPERACION DE LETICIA
Mientras ocurrían acontecimientos importantes en Lima (elecciones y gobierno de Sánchez Cerro, muerte de Leguía, etc.), los compatriotas amazónicos no se daban por vencidos. No obstante que los jefes revolucionarios (el Cap. Cervantes, el periodista Madueño, etc.) tuvieron que huir al exilio, el pueblo siguió rumiando el desquite.

En efecto, 10 años después de la debelación de la Revolución Federal, en una operación típica de comandos, 49 ciudadanos iquiteños y pucallpinos, al mando del ing. Oscar Ordoñez y del Alférez Juan La Rosa, recuperan Leticia (1ero de setiembre de 1932) capturando a la guarnición colombiana que la custodiaba.

Al atardecer de esta jornada, el Mayor colombiano Jorge Pinzón entrega la bandera de armas y su espada a los patriotas loretanos. Las tropas colombianas son desarmadas y conminadas a abandonar Leticia, lo cual efectúan.

GUERRA CON COLOMBIA, PRINCIPIO Y FINAL
El nuevo régimen peruano de Sánchez Cerro, que aún no se asentaba en una coyuntura de guerra civil (sublevación de la guarnición de Cajamarca al mando del comandante “Zorro” Jiménez, las ultimas montoneras peruanas de Samanez Ocampo en Apurímac, la revolución aprista en Trujillo y Huaraz, etc.) es sorprendido tanto como el Gobierno Colombiano.

Inmediatamente Sánchez Cerro declara “Beneméritos a la Patria” a los patriotas loretanos y dispone que la infantería acantonada en Iquitos refuerce Leticia. El Gobierno Colombiano reacciona también y envía al General Vásquez Cobo con una división de 5 000 hombres al Putumayo.

MAPA DEL CONFLICTO



Estalla la guerra por río, mar y jungla: derrotas y victorias de ambos ejércitos a ambas orillas del Putumayo se suceden entre 1932 y 1933. Empiezan los enfrentamientos en Gueppi, Puca Urco, Yabuyanos y Calderón, y las bajas en ambos ejércitos se dan por centenares.

También el beriberi (conocido como “vomito negro” o hepatitis fulminante) diezma a ambas fuerzas, que prefieren mantener sus posiciones orilla a orilla, en campamentos que se asemejaban más a hospitales o cementerios.

Sánchez Cerro, decidido a iniciar una ofensiva hasta el Caquetá (para recuperar el territorio obsequiado por Leguía), ordena la Movilización General. Se presentan 30 mil hombres en Lima y 5 mil en Iquitos. Es entonces, en el Hipódromo de Santa Beatriz (actual Campo de Marte), cuando Sánchez Cerro revistaba las tropas destinadas al Putumayo, que cae asesinado por un militante aprista.

Seguidamente se instala una Junta de Gobierno presidida por el General Benavides y demás personajes de la política limeña, quienes inmediatamente desmovilizan las tropas y (consultando con la embajada de EEUU) firman el acuerdo de paz con Colombia, devolviéndole Leticia.

Durante la guerra peruano-colombiana de 1932-1933, los EEUU apoyaron resueltamente a Colombia, para compensarla del despojo de la provincia de Panamá (1904) que ellos promovieron. A cambio “recomendaron” a Leguía que la “compensara” con el Trapecio Amazónico y la salida al Amazonas.


martes 29 de abril de 2008

1922, Revolución en la selva

El 5 de agosto de 1921 un movimiento cívico-militar integrado por oficiales subalternos (veteranos del Caquetá) se levantó en armas en Iquitos contra el Gobierno “Constitucional y Democrático” de Leguía que tramaba entregar territorios a Colombia. “Contra la Traición” fue el slogan revolucionario. Luego de tomar el control de la ciudad apresaron a las autoridades del Gobierno Central. Acto seguido se estableció el Gobierno Federal de Loreto, que recibió el apoyo unánime de toda la Amazonía. Dicha gesta patriótica tendría su segunda fase 10 años después con la recuperación de Leticia y la guerra peruano colombiana en la que se combatió a orillas del Putumayo (1932-33).

CERVANTES: HÉROE NACIONAL
Adelantandose a la intención del Gobierno del entonces presidente Leguía, en cederle a Colombia (Tratado Salomón-Lozano de 1924) el puerto fluvial de Leticia, estalla la Revolución Federal en Iquitos. La dirige el oficial Guillermo Cervantes Vásquez, el cual 12 años antes había peleado como sargento en el combate de la Pedrera (1911), a orillas del Caquetá, expulsando a las tropas colombianas invasoras.

En esta vez, ya como capitán de infantería, toma el mando del regimiento “Cazadores del Oriente” acantonado en Iquitos, declarándose en rebeldía y emitiendo un Manifiesto rubricado por 19 oficiales subalternos y 7 ciudadanos loretanos:

“Compañeros, los militares debemos dejar de servir para los fines inescrupulosos del Gobierno. Denunciamos el enriquecimiento y dolo de las autoridades a costa del hambre de nuestras tropas. El robo de vestuarios, propinas y alimentación de nuestros soldados es escandaloso. Todo el presupuesto de pagos para maestros y policias es desfalcado por los altos funcionarios (…) Las jóvenes generaciones militares nos negamos a contaminarnos con la putrefacción de un Alto Mando carente de honor.”

Lo que empezó como un movimiento de protesta patriótica contra la política antipopular y traidora del Gobierno derivó en la fundación y establecimiento de un Estado Federal Amazónico, con gobierno, ejercito y moneda propios pero, lo más importante, sin desconocer la peruanidad.

CONTEXTO PREVIO
Los años previos a los hechos fueron de tensión social. A la política de abandono sistemático que históricamente ha desarrollado el centralismo limeño contra la Región Amazónica, se sumaba el entreguismo territorial a favor de Colombia. Obviamente los loretanos se opusieron. Por ello su gesta seria denigrada por la clase politica limeña como “subversiva” y así mientras la prensa nacional insultaba y criticaba a los patriotas loretanos, una comisión del Gobierno negociaba a espaldas del país un Acuerdo con Colombia (1924).

LA REPÚBLICA FEDERAL AMAZÓNICA, AUGE Y CAÍDA
Retomando a los sucesos de Loreto, la principal medida del Gobierno Federal Revolucionario fue la creación de la moneda loretana (llamada “billetes cervantinos”). La emisión de 20 mil libras peruanas de oro en billetes impresos en cartulina de 50, 20 y 10 centavos reactivó la economía regional. En realidad esto se trató de “cheques provisionales” rápidamente aceptados por la población, pues sirvieron para pagar sueldos atrasados a los funcionarios públicos.

A fines de 1921, El Gobierno Central lanza una dura represión contra los revolucionarios. La orden era “sofocar la rebelión a sangre y fuego”. Ante eso, los rebeldes organizan un ejercito Regional, con destacamentos importantes en Yurimaguas, Pucallpa y Rioja.

Los primeros enfrentamientos se producen en San Martín y son favorables a los revolucionarios, que logran rechazar a una división del ejercito peruano. Pero resultan insuficientes. Un rígido bloqueo se ha levantado contra la Amazonía. Cada victoria significa menos balas, menos granadas, menos abastecimiento. El bloqueo empieza a surtir efecto, los meses siguientes son muy duros para los revolucionarios. Sin una línea de abastecimiento que asegurara la logística, el éxito se frustraba.

Las fuerzas revolucionarias se diluyen ante la ofensiva gubernamental que avanza por Juanjuí, Pto. Inka y Bagua, así por la boca atlántica del Amazonas, con 3 cañoneras de la Armada Peruana con autorización del Gobierno brasileño.

Aprovechando la derrota loretana, Leguía suscribe en secreto el Tratado con Colombia que para vergüenza de la diplomacia peruana se entrega “a sola firma” el importante puerto de Leticia (que le otorgaba a Colombia el acceso al Amazonas), además de 120 mil km2. Lo peor: se “obsequian” 25 mil compatriotas boras, huitotos que por dicho acuerdo pasaron a ser colombianos de un día para otro.

Pero el secreto no dura mucho, pues es divulgado por la prensa brasileña en 1927. Una vez llegada la “nueva” al Perú generó la descomposición del régimen de Leguía. El Congreso aprobó la cesión territorial pese a la airada protesta de los representantes loretanos.

Pero la gota que rebalsó el vaso fue la orden del prefecto de Iquitos de entregar oficialmente Leticia a Colombia. El oficial peruano al mando de la guarnición de dicho puerto se negó rotundamente a “cumplir ordenes traidoras”. Fue dado de baja, enmarrocado y encarcelado. Era el 31 de julio de 1930.

Poco después estallaba y triunfaba en los cuarteles del sur la rebelión del comandante Luis Sanchez Cerro. Leguía es depuesto y a las pocas semanas fallece en el hospital.

EL ÚLTIMO DEFENSOR DE LETICIA
Alférez Hildebrando Tejada: “Yo no soy traidor a mi patria. Esta orden no la cumplo porque es inmoral. Yo soy un militar loretano que esta obligado a defender el territorio nacional y no voy a entregar ni un centímetro de suelo peruano al extranjero.” (Al momento de ser relevado, por orden del prefecto de Iquitos, para que Colombia ocupara Leticia. Luego sería encarcelado.)